La izquierda española es probablemente una de las más divididas de Europa. No saben aunar objetivos, sus ideales particulares conllevan con harta frecuencia a no poder encontrar espacios de confluencia, y dar una respuesta colectiva a una situación de violación explicita de los derechos que preconiza garantizar un Estado del Bienestar, de los derechos políticos de esta democracia (cada vez más Kratia que Demos), y de un raigambre total de la política neoliberal que impide la ansiada igualdad social y política que la historia nos puso en el horizonte del clímax de la Humanidad.
Llegué a Via Layetana con desconcierto y cierto miedo de no encontrar el local, "num 18", calle arriba, mirando a los laterales mientras la abarrotada calle rebosa de vida ajena. Me doy de bruces con una gran inscripción “Comisiones Obreras, CCOO”, cinco o seis carteles anunciantes presiden los ventanales de un gran edificio en reformas que aún denota el esplendor de antaño. En medio de una sede sindical que demuestra un gran fondo económico producto en parte de las subvenciones que les brinda el estado español, una puerta asoma con timidez pero con firmeza anunciando el local de la Confederación General del Trabajo (CGT). Ahí están, como si fuese una visión utópica, un ideal más fantasía delirante que idea alcanzable: CCOO y CGT juntas, separadas por tabiques, como si de pronto las manos del sindicalismo pural que predomina en España se fuesen a unir como símbolo de tregua e incluso hermandad.
Entro sorprendida, un hombre en la recepción me dice que pase como si estuviese en mi casa, que subiese cinco plantas, diese un par de vueltas por unos pasillos laberínticos de decoración ideológica, y llegaría a donde estaba mi entrevistado del anarcosindicalismo actual. Hago el recorrido por intuición y llego a un ascensor. Al entrar ¿cual es mi sorpresa? las paredes del ascensor rebosan de panfletos, pegatinas, eslóganes y manifiestos en pro de la reivindicación de derechos sociales de la CGT, y las fotos de Laura López, sindicalista recientemente detenida por los mossos de escuadra acusada de causar disturbios en la pasada huelga general del 29 de marzo. "Esta gente necesita reafirmación y autoconvencimiento", es lo primero que pienso, "si sus ideales y objetivos están tan definidos...¿por qué tener un ascensor con espejo en el que ya no existe el espejo? Salgo del ascensor reflexionando y sigo recorriendo pasillos. Llego al final a una sala repleta de más panfletos y octavillas, parece una redacción de prensa ante tanto papel informativo y divulgador. Mi entrevistado me estrecha la mano cordialmente, hablamos oficialmente durante una hora aproximadamente, ¿el tema más delicado? las relaciones de la CGT con otros sindicatos y grupos políticos de izquierdas. Como otros entrevistados anteriormente me dice que es difícil mantener relaciones con personas que difieren en ideas. Ahí se acaba el tema.
La entrevista termina y hablamos otra hora más. Nos hemos animado y la relación fuente-entrevistado parece disiparse un poco entre sonrisas, miradas de complicidad y puesta en común de ideas y experiencias de manifestantes. La situación se alarga y hemos de marchar. Vamos a salir de la estancia y le pregunto si no le importa que le haga fotos al ascensor porque me ha sorprendido mucho.
_No es usual encontrar eso, al menos no para mí, es curioso.
_Si bueno a mi no me gusta demasiado porque viene una visita y se puede llevar una mala impresión de nosotros....
_No, no, al contrario, creo que es la cumbre de la originalidad en tendencia ascensores (ríe con cierta picardía).
_Lo cierto es que ese ascensor está así por un motivo muy sencillo; hace tiempo cuando conseguimos que se brindó este edificio como sede sindical, nosotros ocupamos la planta nueve, y CCOO se quedaron con las cinco primeras, aunque nosotros dentro de poco nos mudamos y ellos se quedarán con el resto. Bien, ellos tienen 4 ascensores y dos entradas más al edificio, diferentes a las nuestras, pues aún así, tienen que entrar por esta para reafirmar que esto es suyo (ríe de nuevo pero en la mirada y en el ceño fruncido se le puede entrever cierta indignación)._. Ahora deduce: el ascensor es un recordatorio; esto por ahora es de la CGT.
_Vaya, no se me había ocurrido, lo primero que he pensado es que necesitaban autoreafirmar sus principios... (ríe de nuevo y ambos salimos en silencio.) Llegamos al ascensor y me lo mantiene abierto para que pueda fotografiarlo como quiera, "hazle fotos, quizás la próxima vez que vengas ya no está". Bajamos hablando pero no recuerdo qué, estoy ensimismada con las inscripciones de las paredes del ascensor de las que a mi llegada no me había percatado; "CCOO, cabrones".
En el “hall” nos recibe el mismo hombre de mi llegada, se saludan amistosamente mientras yo me dedico a prestarle más atención a mí alrededor. Todas las paredes rebosan de inscripciones que aúnan un deseo de abanderarse y más recordatorios para CCOO y UGT (Unión general del trabajo): “Comisiones y UGT, vendidos al Estado (por que pactan con el gobierno y reciben subvenciones estatales, algo que un sindicato de clase autogestionario y autónomo como la CGT, criminaliza)”, ¿cómo no me percaté antes de tanto conflicto hecho pintura?
_A esto (señala las consignas) obviamente, también hazle fotos, supongo que cuando se queden el edificio lo borrarán_ dice mi entrevistado observándome_. La del techo puedes cogerla desde aquí, se verá mejor_. Me señala una de las pintadas de la cobertura para que la fotografíe, me guía, me aconseja, parece no tener reparo en mostrar sus “diferencias”. Acabo la sesión fotográfica y me percato de que sorprenderse es agotadísimo; doy un último vistazo a las pareces antes de despedirme y salir, y pienso “no me extraña que no tengan relación por diferir ideológicamente, lo que me extraña es que no se hagan piquetes mutuamente”.




